“Entre mis amigos cuento con un amplio abanico de estereotipos. Todos ellos encajan con mayor o menor holgura en esos cajoncitos etiquetados que tanto me gustan pues simplifica notablemente su identificación a terceros: el pijo, el feo, el divorciado, el rojo, el tacaño, el egoísta, el fracasado, el homófobo, el autista, el facha, el sociópata, el verde, el muy verde y tonto, el racista, el borracho, el falso, el manipulador… y luego está Eugène, más conocido por su pseudónimo, lE tORDU. A este cabrón (amigo, lo juro) no logro encajarlo en ningún estereotipo ni con calzador así que para poder describirlo mejor, tendré que esforzarme un poco más…
Como probablemente hayáis notado tras hacer un breve repaso a su “trabajo”, estamos ante un espécimen que eufemísticamente calificaríamos de izquierdoso… un rojillo de libro, vamos. Pero lo cierto es que la radicalidad de sus diatribas ensombrece a la COPE de los buenos tiempos, dejando a Losantos en un lejano segundo lugar en el, hoy por hoy, nutrido ranking del terrorismo verbal. Sus humos de artista protesta, sus peroratas de intelectualoide antisistema y ese tufillo a buenismo recalcitrante que rezuma toda manifestación suya no están sino para encubrir a un delincuente potencial, un sociópata anormal, amoral y aconvencional. Su personalidad psicopatológica es como un fractal terco y obsesivo, con esa infinita falta de mesura o esa incapacidad para distinguir la oportunidad de cerrar la boca o de moderarse incluso para evitar salir linchado. Es en el clímax de su ardor expresivo (y expresionista, diría yo) cuando se hace más ostensible su profundo desprecio hacia todo homínido, anatemizando –imagínenlo, la yugular hinchada entre esputos e invectivas- cuanto y a cuantos tienen posturas más tibias -o menos fundamentalistas- con sus moralinas y delirios de telepredicador.

Probablemente lo encontréis como me lo encontré yo: a altas horas de la noche y entre semana, en un bar de caspa dura, mendigando a un sufrido camarero algún trago a cambio de uno de sus garabatos o desplegando animalmente todo su verborreico “encanto” de artistucho bohemio parar tratar de seducir a alguna guiri incauta.
Pero pese a ser un aborto social y una alimaña demagoga es imposible no sentir un atisbo de aprecio por este pobre diablo. Repasando sus viñetas no puedo evitar ver en él a la reencarnación de un Ignatius J. Relly del siglo XXI. Es un baño de hiel, un grito desesperado a la falta de geometría, teología, decencia y buen gusto. Ese es mi amigo lE tORDU.”

dANIEL cASANOVA eS uNA dE lA eMINENCIAS eUROPEAS eN eL cAMPO dE lA tEORÍA dEL eNTROPISMO cOGNITIVO

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